ETICA Y VALORES PARA UNA CULTURA DE LA HONESTIDAD

Febrero 13, 2008 | Por: Fernando Vega |

 

1. Consideraciones generales sobre la corrupción

En el intento de definir la Corrupción partimos desde la acepción más general y filosófica, para centrarnos luego en el campo que nos interesa, el término viene del latín “corruptio”, idea ligada con los procesos de la muerte y la desintegración de un ser que dan paso a la putrefacción. Corrupción significa la progresiva desintegración de un ser, mediante la acción de factores internos y externos tendientes a su destrucción total. Siempre es un proceso lento, con comienzos casi imperceptibles: un germen nocivo que penetra y prolifera, o que, ya dentro del ser, encuentra posibilidades favorables para su acción destructora.

Si abordamos el concepto desde la dimensión ética del ser humano y la sociedad, la corrupción moral es una depravación progresiva de la conciencia y las costumbres mediante al cual el individuo o la sociedad, incapaz de imponer principios a su vida, acaba por pervertir y subvertir la escala de valores haciendo que primen comportamientos, a la corta y a la larga, destructivos para el propio individuo y la sociedad.

Acercándonos al campo que nos ocupa la corrupción política puede definirse modo más general e inclusivo como la apropiación privada de lo público. Todos los conceptos apuntan a definirla como el uso y el abuso del poder para generar ganancias, más poder y riquezas ilícitas e inmorales en beneficio personal, de círculos, organizaciones y partidos políticos. El tráfico de influencias, el uso de información privilegiada, el nepotismo, la manipulación de los procesos de selección y elección de funcionarios, la corrupción de la justicia y de los procesos administrativos, de los organismos de control y la fuerza pública son, entre otros los mecanismo de la corrupción política.

Desde el punto de vista legal la corrupción implica la inobservancia permanente de la ley provocada por una insensibilidad creciente hacia el respeto de los derechos ajenos, una incapacidad para someterse a la disciplina de las normas que regulan el actuar personal y la convivencia comunitaria, haciendo de los instintos y caprichos personales o colectivos la norma de comportamiento.

El individuo o la sociedad están seducidos y subyugados por las ventajas del crimen, sin temor al castigo. El funcionario público violenta las normas del sistema legal imperante, para favorecer intereses particulares o de grupo a cambio de un beneficio o recompensa para sí o para terceros. Corrupto es por lo tanto el comportamiento desviado de aquel que ejerce un papel de esta naturaleza en la cosa pública y corrupción es un modo particular de ejercer tal influencia o abuso ilegal.

La corrupción de la justicia, mediante la captación sumisa del poder judicial al servicio de los grupos de poder y de las mafias sirve, por una parte, para perseguir a los enemigos políticos y para desembarazarse de personajes honestos que no son funcionales al sistema y por otra para asegurar la impunidad de los delitos cometidos por los funcionarios y los actores externos implicados en la consumación de los actos de corrupción. Así la perversión del sistema se consolida y permanece incólume en el tiempo.

La corrupción política instala en la administración pública la corrupción administrativa, el aprovechamiento sistemático del cargo público para la satisfacción de intereses personales o de grupo, que comúnmente son de naturaleza pecuniaria o un intento de sobornar a la autoridad con el mismo objetivo. La corrupción se expresa de múltiples formas como soborno, coima o peculado, cohecho, seducción, depravación, perversión y desmoralización. El aparato administrativo del estado se paraliza, todo se vuelve lento y engorroso, “crea dificultades para vender facilidades”, nada funciona sin el “aceite” de la coima. El funcionario se adueña de su espacio como un botín privilegiado y olvida que es un servidor público, brindando como un favor lo que los usuarios merecen como derecho. La administración se vuelve opaca, se oculta la verdad y se niega la información.

El círculo se cierra con la corrupción de los órganos de control y de la fuerza pública, instancias que pasan a ser parte del negocio. Se trata de lo que podría llamarse “corrupción de segundo grado” ya que quienes están llamados a denunciar y a corregir la corrupción mas bien la legitiman con su silencio o con la mentira. De esta manera toda esperanza de denuncia y corrección queda bloqueada, la sociedad pierde toda confianza en el sistema y genera mecanismos peligrosos para la convivencia ciudadana a fin de satisfacer sus necesidades.

Cuando situación descrita se generaliza y deja de ser excepcional convirtiéndose en uso común, suele decirse que se ha instaurado una especie de “cultura de la corrupción”. En efecto la corrupción puede convertirse en un problema cultural, el marco formativo y conductual predominante en nuestras sociedades, en unas más y en otras menos, es el individualismo, el consumismo, la carencia de valores, el afán por el poder, la codicia, un exitismo económico reflejado en un “tanto tienes tanto vales” y el débil compromiso con lo público y con el bien común, llegando así a la asfixiante y frustrante situación actual.

Decía en alguna ocasión el Presidente paraguayo Wasmosy, que “nos hemos acostumbrado a las soluciones fáciles y admiramos a los ventajistas, es decir, a los “vivos”, a aquellos que sacan provecho de cualquier situación favorable, por más inmoral que fuera. Los admiramos en lugar de repudiarlos. Nuestra cultura aplaude al “pícaro”, al que tilda de inteligente y hasta sabio, en detrimento de aquellos que viven de sus méritos y su esfuerzo personal”.

Y es que, ciertamente, la corrupción al trastocar los valores de la ciudadanía y la juventud, confunde lo que es correcto con lo incorrecto. Se crea la cultura de la tolerancia con el pícaro triunfador y éste, en vez de ser un marginado, pasa a ser pieza clave de gremios y grupos de tipo social, cultural, profesional y también políticos. La sociedad tolera la inmoralidad e, inclusive, políticamente se dice que no importa que robe, con tal que el funcionario público trabaje.

 


Comentarios

4 Comentarios hasta el momento

  1. Dr. Guillermo Salazar en Febrero 13, 2008 17:43

    Distinguido Asambleísta,
    He leído con atención sus “Consideraciones generales sobre la corrupción”, con las cuales comparto totalmente. A más de las “categorías” que Usted describe, creo que existe también otra que tiene que ver con el aprovechamiento personal de las funciones públicas, muy parecido al que Usted denomina “corrupción administrativa” pero que se dirije a obtener un beneficio personalísimo de la posición que ofrece el ejercicio de la función pública; por ejemplo, el abuso en los viajes al interior o al exterior a fin de reclamar el pago de viáticos y otros estipendios sin que exista una contraprestación o resultado tangible en favor de la institución pública que auspicia este tipo de actividades; igual sucede con el aprovechamiento ilegítimo de cursos y estudios que se realizan en beneficio personal de aquellos funcionarios pasajeros en las instituciones públicas; y, no hay que olvidarse del aprovechamiento que hacen estos funcionarios para considerar a la administración pública un banco de empleos sin tomar en cuenta los requerimientos técnicos de estas posiciones burocráticas. Todo esto afecta no sólo al Estado sino a la Patria entera. Basta de abusos. El Ecuador debe liberarse de esta horda de aprovechadores públicos y establecer reglas claras en la administración estatal. Cualquier iniciativa que combata estas prácticas y comportamientos corruptos deben ser considerados por la Asamblea para establecer un marco jurídico punitivo que permita un eficaz combate a este cáncer. Adicionalmente, considero que la Asamblea debe dejar sentadas las bases para la promoción de una cultura de la honestidad, conforme lo propone Usted. Los ciudadanos de la patria apoyarán estos procesos.

  2. Hans Rivadeneira en Febrero 27, 2008 18:09

    Estimados asambleístas,

    Si, es un problema la corrupción que se ha dado y se sigue presentando dentro de las sociedades manejadas por los descendientes de los colonizadores españoles que solamente reflejan un descuido de sus lideres por acabar con esto.

    Creo que es momento de dejar de dar al pueblo limosnas cada vez que las pide, creo que lo que el pueblo pide a gritos es disciplina.

    Es muy dificil desterrar la corrupción, pues es algo que ya forma parte de nuestra cultura. El que no es corrupto, observa y calla y automáticamente y se convierte en cómplice del delíto, y es así como le da mas vigor al problema.

    Es momento de trabajar en una constitución que maneje procedimientos muy bien estructurados en donde no existan vacíos como existe ahora en cuestión de procesos legales.

    Asambleísta Vega, Le pido de corazón que busque la manera en que se califique arduamente el grado de ética y honestidad con que se trabaja esta constitución.

    No es posible que sigamos reflejando la cultura de quienes conquistaron este territoruio dejandonos un legado de delincuencia y baja moral.

    Atentamente

    Hans Rivadeneira R.

  3. mario peñafiel en Abril 5, 2008 10:13

    Señores asambleistas yo soy estudiante del colegio liceo naval de guayaquil y quiero que ayuden a la conservacion del medio ambiente por favor si pueden hacer una propaganda de la conservacion del medio ambiente y el reciclaje de los desechos que se puede separar en plastico, aluminio, papel, metal y desechos organicos para poder realizar gas natural sin hacer procesos y ya no nos costaria al medio ambiente y al pais por que la basura se puede hacer combustible no comtaminante y al pais menos dinero de gas licuado y refinacion de petroleos. gracias señores asambleistas por su atencion

    mario peñafiel si a la vida no a la comtaminacion

  4. Natacha Reyes Salazar en Mayo 5, 2008 17:57

    Estimado Fernando:

    Su presencia y la de otros compañeros cuya trayectoria es pública y notoria en su compromiso de larga data por las reinvindicaciones sociales de nuestro pueblo ecuatoriano, nos dan confianza de que esta Consitución que hoy está en sus manos, sea un instrumento que más allá de la palabra, pueda efectivamente crear un marco para organizar mejor nuestra vida en Ecuador.

    Le comento que con mis colegas de trabajo a veces tengo que defender este proceso, pues la prensa no siempre deja ver lo realmente trascendente de las discusiones ni de los conceptos que ustedes intentan colocar en nuestra carta política.

    Sepa que muchos ecuatorianos que nos conocemos de hace muchos años en esto de la búsqueda del desarrollo humano sustentable tenemos a veces la sensación de que no se defienden bien los temas nacionales. El tiempo vuela y tememos que la vorágine de la coyuntura sea mayor y que el buen propósito que ustedes tuvieron de representarnos como pueblo, se vea sobrepasado por una realidad mediática más fuerte que sus propias intenciones como asambleistas.

    Así como Pablo escribió a los Corintios, el Ché Guevara en su Diario y Manuela a Bolívar, usted escríbanos unas cartas ciudadanas que se suban a la WEB de la Asamblea y dénos la esperanza que necesitamos para saber que vamos bien.

    Signos, requerimos actuaciones prácticas, pero también simbólicas, que aplaquen un cierto sentimiento de que la Asamblea aún no responde como se esperaba.

    Perdone por la confianza en escribirle a usted y no a otro ciudadano asambleista.

    Atentamente,

    Natacha Reyes

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