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ABORTO, MATRIMONIOS GAY Y EL NOMBRE DE DIOS (2)
Marzo 25, 2008 | Por: Fernando Vega |
LOS GLBT NO PIDEN NI MATRIMONIO NI ADOPCION
Poner a discusión en la Asanblea Constituyente el matrimonio entre homosexuales y la posibilidad de adopción por parte de las parejas homosexuales evidencia la estrategia divisionista de la oposición. Otra vez el intento reduccionista en el que se evidencia además el carácter intolerante y excluyente de las clases dominantes.
Si la Asamblea ha de ser fiel a las propuestas de la ciudadanía, debe recoger las demandas de los grupos interesados en los derechos a colocar en la nueva constitución. Hemos recibido a los grupos GLBT y han manifestado expresamente que no están interesados, por lo menos en este momento, en que se les reconozca tales derechos. Ellos demandan dignidad y no discriminación. Ellos y ellas denuncian la discriminación y estigmatización de las que son objeto, pero también están conscientes que son una minoría y que sus opciones sexuales generan resistencia y problemas. Piden tolerancia y respeto y no pretenden imponer a la sociedad sus puntos de vista.
Aquí también hay que ampliar el horizonte de nuestra propuesta, superando el reduccionismo. El Ecuador, heredero de un pasado colonial y de una falsa democracia, ha sido y es una sociedad fuertemente estratificada, discriminatoria, racista, excluyente. No solo los homosexuales han sido y son discriminados hasta el día de hoy. Hay discriminación étnica y social: los indios, los negros, los cholos, los montubios, las mujeres, los ancianos y los niños, los discapacitados, los inmigrantes son discriminados y excluidos. Todos ellos pobres en su mayoría.
Queremos construir una patria de todos y todas, para todos y todas, que destierre la discriminación y el racismo, donde todos los ecuatorianos seamos iguales ante la ley y en la sociedad. Queremos una constitución que consagre la dignidad de la persona humana y sus derechos sin prejuzgar ninguna condición previa. Una sociedad que no solo tolere la diversidad sino que la respete y valore. Somos defensores de la biodiversidad, de la etnodiversidad y de la sociodiversidad.
Queremos una sociedad donde ningún indio, negro, homosexual o discapacitado se sienta menos que otro. Que levante su cabeza con dignidad y orgullo de ser ecuatoriano o extranjero y vivir en esta tierra bendita. Que nadie tenga menos oportunidades que otro. Que a nadie se le cierran las puerta de nada por su condición racial, ideológica, religiosa o de sexo. Que tengamos derecho a discrepar y a defender hasta la muerte nuestras convicciones, pero que igualmente defendamos con la vida el derecho a pensar y ser diferentes.
EL NOMBRE DE DIOS
La tercera estrategia temática de la oposición: la “Invocatio Dei”. La oposición pretende dividir la Asamblea y a la ciudadanía promoviendo la pelea en torno a Dios. Al hacerlo provocan una batalla en la que, a la postre, Dios sigue tan campante, y los hombres se destrozan en una guerra que él no ha pedido. Otra vez el reduccionismo a la formalidad de los textos, evadiendo los contenidos. El obispo de Cuenca ha insinuado que poner el nombre de Dios y hacer una constitución que no incluya los valores de la justicia y la solidaridad es “tomar el nombre de Dios en vano”.
La oposición, siguiendo la estrategia usada desde hace años, quiere identificar el proyecto de País con un proyecto ateo, totalitarista y violento, impulsado por terroristas capaces de matar a los niños, de promover la inmoralidad y la promiscuidad. Cuidado, romper lanzas en contra de la inclusión del Nombre de Dios puede ser utilizado para fortalecer esa caricatura grotesca que la derecha trata de hacer del proceso constituyente y del proyecto del nuevo Ecuador que queremos.
Desde los sectores progresistas, defensores del Estado Laico, puede haber algunos dispuesto a recoger el guante lanzado por la derecha. Empeñarse en una pela por excluir el nombre de Dios en la Constitución es políticamente equivocado. El Estado laico ni gana ni pierde con la inclusión o exclusión del nombre de Dios. La calentura no está en las sábanas. El Estado no es ni creyente, ni ateo, ni antiteista, ni agnóstico. El Estado es neutral respecto de toda creencia o no creencia religiosa y lo que garantiza es la igualdad de todos sin privilegios.
La “invocatio Dei” presente en la historia constitucional del Ecuador y de todas las constituciones latinoamericanas no afecta el sentido libertario y laico de la futura constitución, con la única condición de que la misma no contemple privilegios para una iglesia o para el clero. Además, incluirlo hace justicia a la mayoría creyente de los ecuatorianos, que se han expresado en el proceso de participación ciudadana de esta asamblea y lo reflejan las encuestas a nivel nacional. La mayoría de los ateos son tolerantes al respecto y reconocen los aportes de sectores creyentes a la construcción de la Revolución Ciudadana.
Si queremos ser fieles a los pueblos que componen nuestra patria, incluir el nombre de Dios en la Constitución implica reconocer que en sus cosmovisiones está presente la idea de una fuerza trascendente que va más allá de las condiciones materiales en las que se desarrolla la economía y la política. Los creyentes auténticos y los pueblos originarios nos urgen a reconocer la dimensión espiritual del ser humano y a volver a la sacralidad de la vida, la producción, el alimento, la reproducción.
Una vez más la presencia de Dios en la Constitución, ateniéndonos a las convicciones de los seguidores de Jesús, no se garantiza en el preámbulo de la Constitución, sino en los capítulos que garantizan los derechos, el acceso a la justicia, la lucha contra la corrupción, un modelo económico incluyente y solidario. Las leyes que se deriven de la nueva constitución deberán regular la independencia entre las iglesias y el Estado, y una sana cooperación en aquellos aspectos en los que unas y otro pueden aportar a la construcción el bien común.
Comentarios
4 Comentarios hasta el momento



Asambelísta Fernando Vega,
Usted no podía recoger mejor mi opinión y la de muchos otros ecuatorianos sobre asuntos como éstos.
Lo felicito y sólo le pido que defienda con valentía sus convicciones, que nos hace falta gente como usted.
Soy un jóven ecuatoriano, bastante desencantado con la política, pero con esperanzas de que el Ecuador que he conocido (y que espero quede en el pasado) no se compare con el Ecuador que podemos construir.
Muchas gracias por sus sabias palabras, y por sus buenas intenciones, es usted un hombre del siglo XXI.
Atentamente,
Emilio Morales
SALUDOS.
Minombre es Jose Mangasha. He tenido experiencia relegiosa y formacion religiosa con los Salesianos del Ecuador. Sin embargo siempre pienso que Iglesia tiene su funcion y el Estado su funcion especifica. Todos los principios fundamentales de la democracia deben ser promovidos por razones Humanisticas (centrado en el ser humano) son por motivos relgiosos. Sabemos como fuimos conquistados con le ESPADA y la Cruz. Hoe tenemos la necesidad de superar ese cierto tipo de dominacion o condicionamiento religioso que rigen nuestras vidas.
Los de los GAYS.. si bien son una minoria, no se puede ignorar y tampoco no hay que considerarlos como un grupo “minusvalido”. Son seres humanos tan normales como usted y yo. I aquien le importa con quien duerme usted o con quien o con que hace el amor.. ocn tal de que sea un ciudadanos honesto que no hace dano a la sociedad. Los del sexo y la homosexualidad, el matrimonio…etc. le vuelven porbematicos cuando interviene la Iglesia. La iglesia que promueve el Celibato no deberia meterse en asuntos del matrimonio.
Esa no es su funcion.
QUIERO SER LIBRE.. Y CON LA LBERTAD ENCONTRAR A ESE SER SUPERIOR QUE EXISTE POR ALLI
GRACIAS
JOSE MANGASHA… EX-SEMINARISTA
Completamente de acuerdo con lo que menciona el Asambleista Fernando Vega, en cuanto a la mencion de Dios en la constitucion. No se trata de colocar el nombre de Dios sino por ultimo de la aplicacion de los mandatos de Dios, que son justicia igualitaria, no discriminacion.
Da lastima ver la postura de los evangelicos,por ejemplo, quienes evidencian justamente lo que “Dios no quisiera que se de en sus hijos e hijas”. Se evidencia en ellos una violencia escondida hacia lo diferente, hacia aquellos que han orientado su sexualidad hacia el mismo sexo.
Ellos creen que es de agarrar a estas personas en el consultorio psicologico, psiquiatrico, o en la oficina del pastor, y que automaticamente estos van a cambiar su orientacion sexual. Que simplista la postura de los evangelicos, que postura tan arrogante.
Hola Fernando. Yo que estuve saltando de alegría el día en que el “ideal” (representado en esta ocasión en un partido político) de hacer un cambio en el Ecuador ganó las elecciones pasadas, me encuentro ahora en la más profunda decepción. Me pregunto como es posible que se pretenda violentar mis derechos, como es posible que por querer mantener un pueblo “feliz” se pisotee mi dignidad y mi existencia, alimentando de la forma más cruel nuestra cultura de “doble moral”. Yo soy homosexual y existo. No necesito que ninguna constitución, iglesia, psicólogo, o quién sea me conceda el derecho de existir, pero lo que no puedo permitir es que se pretenda excluir mis derechos fundamentales y universales de la constitución. Los derechos que cualquier ser humando necesita para desarrollarse: salud, vivienda, justicia, seguridad social, etc. Me pregunto porque el ser humano tiene que buscar siempre las diferencias en el otro para poder determinar lo es uno mismo. Porque tenemos que excluir para sentirnos incluidos. El momento en el que alguién encuentre que la naturaleza ha creado dos hojas del mismo árbol iguales así como el momento en el que alguién me diga cuál es la diferencia entre el amor que yo siento por una persona de mi mismo sexo con el amor que cada uno de ustedes siente por su pareja sea hombre o mujer, entonces dejaré de luchar por mis derechos y por mi existencia.