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LA LETRA MATA AL ESPÍRITU DE LA VIDA
Mayo 7, 2008 | Por: Fernando Vega |
“La justicia es el valor fundamental del Estado Social y Democrático de Derecho, y uno de los presupuestos éticos que garantiza la convivencia pacífica y armónica de la comunidad”
La Justicia como función ha sido uno de los pilares esenciales de los estados modernos en la trilogía de los poderes del Estado. En nuestra historia republicana, la Administración de Justicia ha dejado mucho que desear porque ha sido una justicia de clase, al servicio de la clase dominante. No hemos sido un Estado de Derecho.
En estos últimos 25-30 años de seudo democracia la función judicial se ha deteriorado aún más a causa del secuestro de los tribunales en manos de los grupos de poder político y económico, que convirtieron a la justicia en su esclava servil para la impunidad, la persecución política, etc.
La ciudadanía vaga sedienta de la justicia sin tener quien sacie su sed, topándose a cada paso con la corrupción, el tortuguismo y la ineficiencia. El pueblo ha perdido la confianza en la administración de la justicia, y por ello recurre a veces a la justicia por propia mano. Ante este grave diagnóstico, la Mesa 8 y esta Asamblea tienen el enorme reto de refundar el país sobre los sóidos fundamentos de la justicia. La Revolución Ciudadana como revolución ética ha de poner como valor ético fundamental a la JUSTICIA.
La Justicia es un valor ético que atraviesa toda la Constitución y que requiere abrir nuestras mentes hacia innovaciones que van más allá del cumplimiento de la Ley. Estamos construyendo una Constitución más justa. La Justicia es la virtud, el hábito, la costumbre; es un pacto para juzgar las relaciones interpersonales con criterio recto, para dar a cada uno según sus derechos y para restablecer el equilibrio dañado por la aprobación injusta de cualquier decisión que lesiona el derecho ajeno.
Si los derechos son progresivos, la justicia es progresiva. Lo que en otros tiempos nos parecía justo, hoy, cuando la conciencia humana se afina, aparece injusto y aberrante. Hoy nos abrimos a los derechos de los pueblos, de la naturaleza, de las minorías. En un Estado Social de Derecho la Justicia es Justicia Social, y tiene que ver con la contribución y distribución de los bienes que son de todos los miembros de la comunidad.
En una sociedad democrática la justicia esta abierta a la participación democrática, deja de ser para unos pocos y pasa a ser de todos y para todos. Transparente, ágil, pronta, cercana. En un Estado plurinacional y pluricultural, diverso, la Justicia ha de ser también transcultural y expresarse en el pluralismo jurídico. En un Estado donde hay grupos ancestrales, la justicia ha de dejar de ser ciega para juzgar con equidad los conflictos entre desiguales.
En este cambio necesitamos jueces con mentes lúcidas para discernir el bien del mal, corazones ardientes por la justicia que se indignen frente a la injusticia, y manos probas en la administración ágil y oportuna. Solo así la justicia será una realidad presente.
En un estado laico no puede ser posible que los ciudadanos tengan que acudir al cielo para esperar justicia, ni posponerla a las pailas del infierno. Queremos justicia en este siglo, en este mundo, en esta vida. Que brille la justicia, que haya justicia, que la justicia llegue.


