Oct
24
Quito, 15 de septiembre de 2008
Señores
Acuerdo País y compañeros y compañeras asambleístas
De mis consideraciones:
Ante los reiterados pronunciamientos realizados por el Sr. Presidente de la República, que deslegitiman a todas aquellas propuestas que de alguna manera u otra discrepen con la política oficial, y ante los derroteros que está asumiendo la política pública, que pone en riesgo la vigencia de los derechos fundamentales de los pueblos, y de los sectores populares, por el compromiso del gobierno con la visión extractivista, que continúa con las viejas políticas de destrucción de la naturaleza, con políticas agrarias que atentan contra la soberanía alimentaria, entre otras; y luego de un profundo proceso de reflexión y análisis sobre la necesidad de conservar a coherencia con el proyecto político de cambio por el que hemos luchado, me veo en la obligación moral y política de separarme de manera irrevocable y definitiva de Acuerdo País.
La decisión de separarme de este movimiento político obedece, principalmente, a la constatación que he realizado de que existe un alejamiento de los objetivos originales planteados con respecto a su práctica política. Siempre he considerado que la democracia plurinacional se construye con honestidad, pluralismo y con una verdadera participación ciudadana, y pienso que el pragmatismo del poder los han ido desgastando y diluyendo.
Durante mi trabajo como Asambleísta, y como Presidenta de la Mesa No. 5 de Recursos Naturales y Biodiversidad, constaté con asombro la manera en que el régimen de Acuerdo País se desdecía de sus fundamentos políticos y apoyaba posiciones conservadoras y reaccionarias y, específicamente, anti ecologistas.
Debo confesar al país que las mayores resistencias a una propuesta democrática no solamente fueron hechas por la derecha política, sino que, paradójicamente, provinieron también desde el ejecutivo. Me remito a las informaciones públicas que dieron cuenta de la intervención del ejecutivo sobre la Asamblea Constituyente, para limitar y acotar derechos fundamentales en la transformación política, como aquellos que dan contenido al Estado Plurinacional, como el consentimiento previo, libre e informado, la separación del Estado del gobierno, el kichwa como idioma oficial, entre otros.
Empero, debo indicar que a pesar de esto, yo suscribo el texto constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente y llamo a votar por el SI, porque este texto constitucional, con todos sus defectos, representa un momento histórico de cambio y de esperanza para ir construyendo a futuro el Estado y la democracia plurinacional.
Pero, al mismo tiempo que creo firmemente en que hay que apoyar y suscribir el proyecto de Constitución aprobado por la Asamblea Constituyente, considero que Acuerdo País ya no representa la posibilidad de cambios estructurales que exige nuestra sociedad.
Mi experiencia al interior de esta agrupación política me indica que, lamentablemente, se ha perdido el sentido de democracia interna en la toma de decisiones: Acuerdo País se ha convertido en una organización política en la que las decisiones fundamentales se toman de manera antidemocrática. Se ha extraviado la posibilidad de la disidencia, y su cúpula ve con suspicacia y recelo el solo hecho de pensar de manera diferente con respecto a sus decisiones.
Pienso que una transformación democrática y pluralista de nuestro Estado y de nuestra sociedad debe pasar necesariamente por la descolonización de todas las formas de dominación, incluidas aquellas que se dan en nuestros propios espacios de debate y acción política, de tal forma que permitan construir un verdadero proceso democrático inclusivo, participativo, plural, autogestionado y dirigido por quienes históricamente hemos luchado por un futuro justo, equitativo y ecológicamente sano para nuestro tiempo y para nuestras futuras generaciones.
He observado con mucha preocupación como Acuerdo País, en su afán de construir los apoyos electorales que le permitan continuar en el poder, manipula, vulnera, margina y trata de cooptar a las organizaciones sociales, populares e indígenas, e incluso, como hemos visto en Dayuma y Panantza, ha llegado a la criminalización de la movilización social. Esto pone en riesgo no solo a las organizaciones y movimientos sociales sino a toda la democracia. Es una vieja práctica que la hemos vivido desde la derecha y el neoliberalismo, pero que ahora sorprende cuando proviene de un movimiento político que dice ser de izquierda y se autodenomina “ciudadano”.
Con estos antecedentes, me pregunto: ¿dónde está la “participación ciudadana”?, ¿en qué consiste, en realidad, la “revolución ciudadana” de Acuerdo País?, ¿dónde está su sentido de democracia cuando las bases de Acuerdo País, son obligadas a someterse incondicionalmente al criterio de que un solo líder? ¿Puede un solo líder acoger los anhelos y las demandas del pueblo ecuatoriano e interpretarlos a su gusto, sin un verdadero diálogo, ni autocrítica? ¿No significa que esto conllevará a una forma de gobierno autocrática, en que el pueblo deberá someterse en silencio, sin disidencia y “por su propio bien”?
Por todas estas prácticas, he llegado a la conclusión de que Acuerdo País no es un movimiento de izquierda, aunque su pretensión sea la de auto declararse como tal. De que su referencia al “socialismo del siglo XXI” se convierte más en una estrategia política-electoral que en una realidad.
Un Estado democrático, participativo y plurinacional no puede ser construido desde arriba y desde la voluntad omnímoda de nadie. Tiene que fundarse en el respeto de las diversas colectividades y de las personas.
El poder político democrático tiene que nacer y sostenerse a base del diálogo horizontal, incluyente y plural para llegar a consensos, y ello necesariamente implica la participación directa de las organizaciones y la sociedad en general.
Creo en un Estado democrático, participativo y plurinacional que descolonice las formas de poder, la imposición, la dominación y la represión antidemocráticas, racistas y violentas que llevan siglos, no solo en nuestras instituciones sino incluso en nuestras propias subjetividades y organizaciones sociales y políticas.
Un Estado Plurinacional se construye desde el reconocimiento a las diferencias que nos atraviesan, y para hacerlo, se necesita de una enorme capacidad de pluralismo, respeto y democracia, aspectos de los cuales Acuerdo País carece por el momento.
Pienso que nuestro pueblo, que ha escrito páginas imborrables de resistencia, de dignidad, de valentía, retomará en algún
momento el sentido del cambio con el que empezó este proceso de transformación.
Acuerdo País no es el dueño de estos procesos; el movimiento indígena lleva ya más de dos décadas resistiendo al neoliberalismo y cinco siglos resistiendo a la modernidad y al capitalismo.
De mi parte, me debo al movimiento indígena, me debo a la esperanza de construir el retorno de los buenos tiempos, del sumak kawsay. Me debo a esas voluntades que decían alguna vez que somos como paja de páramo que se la arranca y vuelve a crecer, y es pensando en esa historia, en esa memoria, en esos sueños, que he tomado esta decisión.
Quiero agradecer a todos las compañeras y los compañeros de Acuerdo País con quienes he compartido las esperanzas de un nuevo Ecuador, y con quienes dimos batalla desinteresadamente por nuestros principios; quiero agradecer a los que nos apoyaron con sus votos, a todos aquellos que nos dieron su mano, su abrazo, su ilusión, su aliento, quiero decirles que los llevo en mi corazón, que son parte de mi camino, que esta decisión no significa en modo alguno separarme de ellos, sino volverlos a encontrar para seguir soñando, para seguir construyendo las utopías del Estado plurinacional y la democracia participativa y directa.
Mónica Chuji Gualinga
Asambleísta
Jul
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“Infiltrado, da: 1. adj. y s. [Persona] que se ha introducido subrepticiamente en un lugar o en una organización para llevar a cabo una acción encubierta…”
Las luchas por cambiar radicalmente a este país, se forja en varias décadas junto con la madurez política del Ecuador. Nace de las reivindicaciones sociales, lideradas por el movimiento indígena, como lo reconocen analistas y académicos y es una respuesta a la nosciva arremetida neoliberal.
En este marco, la Asamblea es el punto a donde se ha llegado gracias a esas luchas; es un proyecto de la izquierda y de los sectores progresistas que pretenden responder a los anhelos de todo un país. No es por tanto, un proyecto que ayer nació o que sea exclusivo del presidente, aunque haya ganado con las tesis históricas de los sectores sociales e indígenas. No es su patrimonio, ni el proyecto de cambio se limita a su gobierno. El presidente es parte de este proceso.
Por eso mi extrañeza sobre el uso del término infiltrados. Si los infiltrados somos los que desde hace mucho tiempo atrás defendemos tesis históricas del pueblos, los que pensamos en el proceso social más allá de los cálculos políticos y los que trabajamos por convicciones, que nos digan si es ser infiltrado o tener agenda de derecha el reivindicar los derechos humanos, la seguridad social, la libertad de expresión, la naturaleza, la justicia y la comunicación, la agenda de mujeres, los derechos de los campesinos y las aspiraciones del movimiento indígena.
El cambio más que un remozamiento de las instituciones del Estado, para la gran mayoría de ecuatorianos, que no comprenden las abstracciones de la institucionalidad y la juridicidad como elementos constitutivos de un poder delegado, para quienes ” no comen Constitución”, como dice la sabiduría popular, esta esperanza se afincaba más en términos de acabar con las iniquidades.
Los conflictos por el desigual acceso al agua y a la tierra; en créditos accesibles para el pequeño productor, en justicia para los indígenas, afros y campesinos despojados. Esperaban que finalmente la justicia fuera exigible para terminar con las centenas de leyes constantemente burladas; esperaban el freno al atropello a las conquistas laborales.
Las agendas que reflejan las aspiraciones de amplios sectores sociales que han votado reiteradamente en contra de la derecha, al reconocerla como la causante de los graves problemas ambientales, sociales y económicos que vivimos, esas son ahora las agendas que se satanizan y causan polémica al interior de la Asamblea.
Más allá de que este se llame o no un proceso de la izquierda, hemos creído en un espacio democrático y hemos pensado que en él tendrían cabida las legítimas aspiraciones de las mayorías, olvidadas de las políticas públicas, tras el desmantelamiento del Estado en el neoliberalismo.
Nos empeñamos en recoger las demandas de los millones de migrantes, los miles de jubilados, los millones de indígenas, montuvios y afros, de la mitad de la población de mujeres, de los niños y los adolescentes, porque sabíamos que eran ellos quienes nos apoyaron en las urnas, identificándose con slóganes de la izquierda, con discursos ardientes y símbolos de la izquierda. Recordemos que la “Murga del Che” fue entonada por los líderes de este proceso ante el entusiasmo masivo.
Cuando fuimos convocados a este proceso constituyente la hoja de vida de cada uno de los presentes se hizo pública. Se conocía cuáles eran nuestros nexos con las luchas populares. Pensamos incluso que ese era nuestro valor agregado, nuestro potencial por el que fuimos convocados a ser parte de la Asamblea.
En contraste con todo esto, el concepto de infiltrado supone la “…introducción subrepticia en un lugar u organización para llevar a cabo una acción encubierta…”
Nosotros NO entramos por una puerta oculta, ni en forma subrepticia. Venimos de procesos sociales con identidades bien definidas y trayectorias políticas abiertamente de izquierda y en mi caso, vengo del movimiento indígena y esa información es pública. Por tanto no hay acciones encubiertas, sino contacto y relación con los movimientos sociales que expresaron sus demandas a lo largo del proceso, sean estos mujeres, jubilados, campesinos, estudiantes, indígenas entre otros. En consecuencia no me llega el mensaje de “infiltrados”
Mantener principios tiene un nombre: coherencia. Coherencia política es tener claro que al único al que debemos lealtad es al pueblo que nos eligió y a las ofertas de cambio que las asumimos como un compromiso. El Norte era muy claro, por eso hemos preferido ser deliberantes cuando creímos que la obediencia no era lo correcto.
En este proceso creo haber sido ecuánime. He aplaudido y felicitado al presidente cuando sus actuaciones fueron positivas, ha tenido mi respaldo en su actitud digna ante la agresión de Colombia, pero me reservo mi derecho a ser crítica cuando hay equivocaciones. Eso no es ser de oposición ni hacerle el juego a la derecha, sino mantener principios y defender valores y sobre todo ser responsable con el proceso histórico de cambio. Reconozco su liderazgo y capacidad de trabajo, pero eso no le da patente de corzo para descalificar y anular al otro, al que piensa distinto, menos aún cuando el peso de los argumentos nos da la razón.
La nueva izquierda y el sector indígena, sobre todo, somos respetuosos, creemos en el diálogo y lo practicamos, creemos en la posibilidad de los consensos. Por eso desde una actitud constructiva y por todo lo antes expuesto quizás se el momento de saber, de que el gobierno nos diga ¿Quiénes son los que han entorpecido con posiciones de derecha el funcionamiento de la asamblea? ¿Quiénes son esos infiltrados? Por el bien del país exijo saber los nombres de quienes entraron en forma “subrepticia en un lugar u organización para llevar a cabo una acción encubierta…” .
Este baño de verdad nos lo deben nuestros líderes, se lo deben al país que los eligió, nos lo deben a quienes hemos sido muy frontales, hemos sido coherentes y hemos luchado con las armas de la democracia, aún contra corriente en este que creimos era nuestro proceso, el proceso de un pueblo ecuatoriano digno y altivo.
Yo soy parte de los que hemos sido críticos, frontales, transparentes y no nos sentimos infiltrados en un proceso que es nuestro que lo hemos forjado en la historia, que es del pueblo y no se circunscribe al proyecto de una persona o de un gobierno.
Jul
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“Infiltrado, da: 1. adj. y s. [Persona] que se ha introducido subrepticiamente en un lugar o en una organización para llevar a cabo una acción encubierta…”
Las luchas por cambiar radicalmente a este país, se forja en varias décadas junto con la madurez política del Ecuador. Nace de las reivindicaciones sociales, lideradas por el movimiento indígena, como lo reconocen analistas y académicos y es una respuesta a la nosciva arremetida neoliberal.
En este marco, la Asamblea es el punto a donde se ha llegado gracias a esas luchas; es un proyecto de la izquierda y de los sectores progresistas que pretenden responder a los anhelos de todo un país. No es por tanto, un proyecto que ayer nació o que sea exclusivo del presidente, aunque haya ganado con las tesis históricas de los sectores sociales e indígenas. No es su patrimonio, ni el proyecto de cambio se limita a su gobierno. El presidente es parte de este proceso.
Por eso mi extrañeza sobre el uso del término infiltrados. Si los infiltrados somos los que desde hace mucho tiempo atrás defendemos tesis históricas del pueblos, los que pensamos en el proceso social más allá de los cálculos políticos y los que trabajamos por convicciones, que nos digan si es ser infiltrado o tener agenda de derecha el reivindicar los derechos humanos, la seguridad social, la libertad de expresión, la naturaleza, la justicia y la comunicación, la agenda de mujeres, los derechos de los campesinos y las aspiraciones del movimiento indígena.
El cambio más que un remozamiento de las instituciones del Estado, para la gran mayoría de ecuatorianos, que no comprenden las abstracciones de la institucionalidad y la juridicidad como elementos constitutivos de un poder delegado, para quienes ” no comen Constitución”, como dice la sabiduría popular, esta esperanza se afincaba más en términos de acabar con las iniquidades.
Los conflictos por el desigual acceso al agua y a la tierra; en créditos accesibles para el pequeño productor, en justicia para los indígenas, afros y campesinos despojados. Esperaban que finalmente la justicia fuera exigible para terminar con las centenas de leyes constantemente burladas; esperaban el freno al atropello a las conquistas laborales.
Las agendas que reflejan las aspiraciones de amplios sectores sociales que han votado reiteradamente en contra de la derecha, al reconocerla como la causante de los graves problemas ambientales, sociales y económicos que vivimos, esas son ahora las agendas que se satanizan y causan polémica al interior de la Asamblea.
Más allá de que este se llame o no un proceso de la izquierda, hemos creído en un espacio democrático y hemos pensado que en él tendrían cabida las legítimas aspiraciones de las mayorías, olvidadas de las políticas públicas, tras el desmantelamiento del Estado en el neoliberalismo.
Nos empeñamos en recoger las demandas de los millones de migrantes, los miles de jubilados, los millones de indígenas, montuvios y afros, de la mitad de la población de mujeres, de los niños y los adolescentes, porque sabíamos que eran ellos quienes nos apoyaron en las urnas, identificándose con slóganes de la izquierda, con discursos ardientes y símbolos de la izquierda. Recordemos que la “Murga del Che” fue entonada por los líderes de este proceso ante el entusiasmo masivo.
Cuando fuimos convocados a este proceso constituyente la hoja de vida de cada uno de los presentes se hizo pública. Se conocía cuáles eran nuestros nexos con las luchas populares. Pensamos incluso que ese era nuestro valor agregado, nuestro potencial por el que fuimos convocados a ser parte de la Asamblea.
En contraste con todo esto, el concepto de infiltrado supone la “…introducción subrepticia en un lugar u organización para llevar a cabo una acción encubierta…”
Nosotros NO entramos por una puerta oculta, ni en forma subrepticia. Venimos de procesos sociales con identidades bien definidas y trayectorias políticas abiertamente de izquierda y en mi caso, vengo del movimiento indígena y esa información es pública. Por tanto no hay acciones encubiertas, sino contacto y relación con los movimientos sociales que expresaron sus demandas a lo largo del proceso, sean estos mujeres, jubilados, campesinos, estudiantes, indígenas entre otros. En consecuencia no me llega el mensaje de “infiltrados”
Mantener principios tiene un nombre: coherencia. Coherencia política es tener claro que al único al que debemos lealtad es al pueblo que nos eligió y a las ofertas de cambio que las asumimos como un compromiso. El Norte era muy claro, por eso hemos preferido ser deliberantes cuando creímos que la obediencia no era lo correcto.
En este proceso creo haber sido ecuánime. He aplaudido y felicitado al presidente cuando sus actuaciones fueron positivas, ha tenido mi respaldo en su actitud digna ante la agresión de Colombia, pero me reservo mi derecho a ser crítica cuando hay equivocaciones. Eso no es ser de oposición ni hacerle el juego a la derecha, sino mantener principios y defender valores y sobre todo ser responsable con el proceso histórico de cambio. Reconozco su liderazgo y capacidad de trabajo, pero eso no le da patente de corzo para descalificar y anular al otro, al que piensa distinto, menos aún cuando el peso de los argumentos nos da la razón.
La nueva izquierda y el sector indígena, sobre todo, somos respetuosos, creemos en el diálogo y lo practicamos, creemos en la posibilidad de los consensos. Por eso desde una actitud constructiva y por todo lo antes expuesto quizás se el momento de saber, de que el gobierno nos diga ¿Quiénes son los que han entorpecido con posiciones de derecha el funcionamiento de la asamblea? ¿Quiénes son esos infiltrados? Por el bien del país exijo saber los nombres de quienes entraron en forma “subrepticia en un lugar u organización para llevar a cabo una acción encubierta…” .
Este baño de verdad nos lo deben nuestros líderes, se lo deben al país que los eligió, nos lo deben a quienes hemos sido muy frontales, hemos sido coherentes y hemos luchado con las armas de la democracia, aún contra corriente en este que creimos era nuestro proceso, el proceso de un pueblo ecuatoriano digno y altivo.
Yo soy parte de los que hemos sido críticos, frontales, transparentes y no nos sentimos infiltrados en un proceso que es nuestro que lo hemos forjado en la historia, que es del pueblo y no se circunscribe al proyecto de una persona o de un gobierno.