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CONSTITUCIÓN ES RECONOCIDA COMO EJE DEL ORDEN ESTATAL
Julio 9, 2008 | Por: Pedro de la Cruz |
El asambleísta nacional, Pedro de la Cruz, indicó que la declaración del Ecuador como un “Estado social y constitucional de derechos y justicia” es un avance porque reconoce a la Constitución como eje del orden estatal; y plantea a los derechos y la justicia como objetivos fundamentales de la comunidad política ecuatoriana.
Señaló durante su intervención ante el Pleno de la Asamblea en el debate de los textos sobre Carácter y Elementos del Estado que al mismo tiempo que reafirman la unidad del País reconocen la diversidad, con lo que da un paso más que la Constitución del 98.
Según De la Cruz el reconocer las Interculturalidad como característica del Estado supone no sólo el reconocimiento de nuestra diversidad sino el hecho de que entre los diferentes nos relacionamos, valoramos y aprendemos de los otros.
“Lo ecuatoriano no puede ser la suma de las partes, no es el desarrollo separado de las diferencias; lo ecuatoriano tiene que ser el puente que permita la configuración de unas relaciones más democráticas entre culturas e identidades”, expresó.
A criterio del asambleísta indígena-campesino dichos en dichos articulados no sólo se mantiene la concepción que la soberanía radica en el pueblo, sino que incluye su ejercicio a través de formas de participación directa; es decir enriquece la concepción democrática, tradicional y abstracta, y además se reconoce los recursos naturales como patrimonio del País.
Sin embargo dijo que aunque se mantiene el reconocimiento de los idiomas indígenas y su apuntalamiento, “si lamenta que no se reconozca el quichua, como se reconoce el castellano, como idiomas oficiales del Ecuador, pues la Interculturalidad es una interacción de doble vía, no puede pensarse que sólo los indígenas debemos aprender el castellano y lo occidental. El Estado como representación de lo que es ecuatoriano tiene que evidenciar su matriz indígena”.
Finalmente, concluyó argumentando que en los deberes del Estado se evidencian los avances democráticos, la reconstrucción de lo público y la redefinición del modelo de desarrollo que rebasan esas visiones estrechas de pensar al desarrollo como crecimiento, de confundir progreso con mercado.