LUCRO Y PECADO

Julio 1, 2008 | Por: Pilar Nuñez |

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Tomada de la edición impresa del 01 de julio del 2008. Diario el Telégrafo

Lucro y pecado

CATALINA LEON

cleon@telegrafo.com.ec

¿Cómo se cuecen las noticias? Lo entendí una tarde de junio, escuchando las deliberaciones en Ciudad Alfaro. El tema del día: los derechos civiles. Muchos planteamientos respondían al espíritu liberal clásico: libertad de conciencia y religión, de asociación y reunión; otros enfocaban cosas nuevas: ahora l@s ecuatorian@s tendremos derecho “al honor, al buen nombre, a la imagen y a la voz”; muy novedoso es el articulado sobre los derechos reproductivos y los sexuales. Hay que informarse para ejercer responsablemente la sexualidad. ¿No es cierto?

A un sector se le antojó que el artículo sobre los derechos reproductivos da a la Constitución un sesgo “abortista”; la réplica de dos opositor@s, duró, exagerando, 15 minutos. ¡La noticia estaba hecha! Las otras innovaciones en materia civil no contaron, y los medios volvieron a la carga durante toda la semana. ¡Con solo cuarto de hora de golosina!

¿Faltó veracidad? Si y no, porque siendo cierta la obcecación conservadora en contra de los derechos sexuales, lo mentiroso es el efecto informativo, pues es falso que en la Asamblea solo se hable de sexo. El sesgo no sorprende, pero indigna, pues la ´verdad´ mediática, en este caso, desinforma, apela a los más rancios valores, a los fantasmas que, a lo mejor, no trasnocharían ni a la mismísima Reina Victoria.

 

“¿Dónde queda el derecho a enterarse

de todo y no solo de un segmento magnificado?”

¿Es posible dar rienda suelta al libertinaje informativo, a título de libertad de expresión? ¿Y dónde queda el derecho ciudadano a enterarse de todo y no solo de un segmento magnificado? ¿Es ético orientar así a la opinión pública? Recuerdo la obscenidad sexista de los anuncios que se pasan, por algún canal, de gente de toda edad y ciudad que ofrece relaciones “en serio” o sexo pagado, a vista y paciencia de infantes y adolescentes. ¿Cómo entender el moralismo de la derecha, qué mismo quiere? ¿Se le olvidó que el contrato social limita el exceso de libertades individuales en nombre del bien y la libertad del conjunto?

Por si acaso, en la última década la información mediática no ha tenido límite. ¿Ha habido, sin embargo, objetividad y responsabilidad? Para el cumplimiento de los derechos ciudadanos a la información, más que garantías, hoy se requiere de mecanismos públicos que precautelen el equilibrio, sin coartar el derecho a la libertad de expresión, poniendo en el tapete los intereses de los actores equitativamente.

La asambleísta Pilar Núñez ha propuesto la creación del Sistema Nacional de Comunicación. Formarían parte de él actores públicos, privados y comunitarios. Las restricciones allí generadas serían consensuadas, y nadie renunciaría a su porción del espectro radioeléctrico, de fiel conformidad con el espíritu contractualista. ¿Por qué entonces la campaña de desprestigio desatada por la mayoría de medios? Me aventuro con la respuesta: sufren por la inclusión de los otros y por el miedo a la fuga del lucro sin parangón que genera la ambivalencia del enunciado mediático, entre el pecado y el destape, en medio del goce adrenalínico, ante las imágenes públicas de manzanas prohibidas.


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