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EL PAIS QUE SOÑAMOS. Fernando Tinajero. El Comercio 02-01-08
Julio 17, 2008 | Por: Pilar Nuñez |
En estos momentos trascendentes cuando se va a escribir definitivamente el Preámbulo de la Constitución, es importante recordar este importante criterio del reconocido escritor ecuatoriano Fernando Tinajero.
DIARIO EL COMERIO 02 – 01 -2008
OPINION
EL PAÍS QUE SOÑAMOS
En días pasados, la sala Demetrio Aguilera Malta de la Casa de la Cultura fue el escenario de un acto de enorme interés: la Coordinadora de Organizaciones Culturales (que agrupa a numerosos jóvenes comprometidos con la música, el teatro, la poesía y otras artes) entregó un proyecto constitucional relativo a la cultura a dos asambleístas de Nuevo País, que asistieron acompañados por el doctor Augusto Barrera, quien tiene a su cargo el enlace entre el Ejecutivo y la Asamblea.
Muchas y valiosas fueron las ideas que entonces se expresaron; de entre ellas, junto a la declaración del asambleísta Virgilio Hernández en el sentido de que su tienda política no cree en la cultura oficial, me gustaría destacar una frase pronunciada por la asambleísta Pilar Núñez: “antes de plantear la reivindicación de nuestros derechos, debemos discutir sobre el país que soñamos”.
Me parece que en esa sola frase está como encapsulada la concepción fundamental que debe guiar el trabajo de la Asamblea y el de todos los grupos, instituciones o gremios que han presentado y aspiran a seguir presentando sus propuestas para la Constitución. Tal como dijo también el doctor Barrera, es preciso entender que estamos ante la oportunidad, acaso única, de llevar a cabo el cambio del que hemos hablado durante mucho tiempo sin llegar a plasmarlo. La ocasión, en otras palabras, de provocar el nacimiento de ese país en el que hemos estado soñando como si fuese un ideal imposible.
La frase pronunciada por la asambleísta Núñez representa, en este sentido, un giro radical en la actitud que debemos tener ante la política: hasta ahora, la abrumadora mayoría de quienes se han acercado a ella lo han hecho en nombre de intereses que, sin ser ilegítimos, han tenido la marca de la particularidad. Cada sector de la sociedad ha pretendido imponer a los demás su propia visión del país, de modo que en su esfuerzo estaba siempre implícito el deseo, a veces inconsciente, de lograr que los demás se sometieran a ella. Al hablar del país que soñamos, Pilar Núñez ha propuesto mirar en primer término el conjunto para después atender las particularidades.
Detrás de este planteamiento se encuentra una idea de gran hondura, cuya presencia en el pensamiento se ha hecho sentir de manera creciente en todos los ámbitos de la filosofía, la ciencia y el arte a lo largo de todo el siglo XX: la totalidad no es, como creían los discípulos de Comte, el resultado de la suma de las partes; la totalidad agrega algo a esa suma, y eso es el sentido. Una suma de palabras, por ejemplo, no es suficiente para expresar una idea: hace falta una estructura gramatical determinada, y ella es la que dota de sentido a la expresión.
A quienes reclaman por no haber visto todavía una sola disposición constitucional, hay que pedirles que cambien su demanda a la Asamblea: lo que hay que pedir no es una, 10 ó 100 disposiciones, sino una idea de país, un proyecto de país, una visión de futuro, y no un simple eslogan de campaña. El resto, por supuesto, vendrá después, a su tiempo, como añadidura.
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