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LA COBERTURA TELEVISIVA DE LA ASAMBLEA
Mayo 28, 2008 | Por: Rosana Alvarado |
Inicio mi intervención resaltando las frases que encontré en el boletín de FUNDAMEDIOS, que es materia de este análisis y con las que estoy de acuerdo: Es un imposible llegar a la objetividad en su pureza original… pero tampoco podemos mantener la prevalencia de la subjetividad. Esta precisión es importante, muy importante, porque es el reconocimiento de un ejercicio profesional que yo lo veo, responde políticamente frente a la Asamblea. LOS MEDIOS, EN EL ECUADOR, SON ACTORES POLÍTICOS. Entonces, estamos frente a un primer error: los medios también son representantes de candidatos que perdieron en las elecciones y así han actuado: como perdedores de las elecciones.
Desde ahí entonces, empezamos a entender la entrada de la prensa, y particularmente, de la televisión en la Asamblea: desde la subjetividad. A partir de criterios subjetivos, se desarrolló la estrategia para cubrir a la Asamblea, y probablemente, para encontrar en ella, cualquier forma de parecido con el Congreso. Algunas veces pienso que los medios se desesperaban por darle al televidente, ese juego de “ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS”, de la Asamblea y el Congreso. Desde ahí entonces, encontramos una fuerte crítica que probablemente, desencadena en los resultados que han tenido los medios en general, y la televisión en particular, frente a la ciudadanía: los medios no estuvieron preparados. Y tan cierto es eso, que al programar la cobertura periodística de la Asamblea, ERA NECESARIO, asumir otra postura: no se trata de un período extra del Congreso… tampoco se refería a una reunión de notables… no era una propuesta de cualquier sector… es decir, no estaba por suceder “cualquier cosa” en “cualquier tiempo” y con “cualquier persona”… se trataba de cubrir una Asamblea de plenos poderes desde lo que eso significaba y con todo lo que había significado llegar a ella. La Asamblea es una muestra, quizá la más fuerte, de LA DISIDENCIA FRENTE AL PODER CONSTITUÍDO, en un tiempo en que América Latina se distingue en una fuerte tendencia de gobiernos progresistas de izquierda, con sus propias diferencias por supuesto. Además, en un momento cumbre, en el que se hace posible la transformación institucional del Estado… pues a partir de eso, se reconoce la posibilidad de las otras formas de expresión de la voluntad de la Asamblea (mandatos, leyes, resoluciones) y con actores diferentes: con una seria representación de cuadros nuevos, que vinieron de procesos de construcción ciudadana, que vinieron de una formación diferente a la de la política tradicional. Me parece entonces, que ese era el primer factor que debió tomarse en cuenta, pues a partir de esa consideración, de la magnitud de la Asamblea, es que los medios debían interactuar: estar a su altura y desde ahí, exigirle a la Asamblea que satisfaga las expectativas creadas. Entonces debíamos plantear y planear en todo lo posible, la cobertura que se requería: más todavía si tenemos en cuenta lo que significa para la mayoría de la población ecuatoriana, la televisión: las imágenes sustituyen a textos, los ecuatorianos y ecuatorianas cada vez leemos menos y menos… la televisión es el medio de los medios. Eso, en significado, exigía una cobertura extra-ordinaria para la Asamble, diferenciado de cualquier otro trato, con otros corresponsales, con distintos opinantes, con otras formas, con diferentes modos y circunstancias. Sin embargo, fue acumulándose en Montecristi, en Ciudad Alfaro, lo mismo, lo tradicional: las mismas personas que cubrían el Congreso, cubrían la Asamblea, la mesa legislativa (el pequeño congreso) fue la que más cobertura tuvo y la que permanentemente, era aludida desde la prensa, pues en ella supuestamente, estaba concentrada la atención. Eso no era así. La mesa legislativa, con su propia dinámica, reproducía una facultad de legislación menos importante que las que tenían las otras (la mesa 3, de Estructura del Estado y la mesa 4, de Ordenamiento Territorial son las menos visitadas…) Ese análisis debió trasladarse a los medios y no existió, de ahí que no se llegó a dimensionar los pasos previos a los articulados: los fuertes debates y discusiones multipartes; la presencia de delegaciones con propuestas; el fundamento de los asambleístas, sus posturas ideológicas y conceptuales… Esa parte, simplemente NO EXISTIÓ en la televisión, porque no dimensionó su importancia.
Aquí, entre paréntesis, me refiero al boletín de Fundamedios. Qué pena que se les haya pasado el análisis de los canales locales o regionales… Los canales nacionales, ciertamente son los más importantes… claro, es así, pero los resultados de ellos logran mayor vigencia si se contrastan con los resultados de los canales locales o regionales. Específicamente, me refiero al caso de Manavisión… imperiosa la necesidad de abordar ese medio dada la cobertura propuesta desde ahí a la Asamblea. La propia situación física de la Asamblea, resulta en otra propuesta desde ese canal local.
Sobre la contextualización… resulta muy triste conocer que, la información no responde a una realidad. Descontextualizar la información es provocar un universo atomizado y diverso que más bien confunde la relación entre lo informado y la realidad: el unifuentismo cobrará sus facturas. Más todavía, cuando, casa adentro, sabemos que desde marzo, la información sobre la Asamblea, aumentó en un 80%. Tristemente, el 60% de ese aumento, se relacionó con los escándalos (caso Logroño, espionaje, María Augusta Calle y la indagación colombiana hacia ella…) Más todavía, lo que se informó en su mayoría, correspondió a lo NO APROBADO POR LA ASAMBLEA (el 70% de impuesto a las herencias??? el placer y el disfrute sexual… el “matrimonio” homosexual…) y las tomas… algunas sobraban: qué importa el cartel con alguna historia peregrina… o el trajanazo del manotaso del escritorioqué de importante era el aguacero o el asambleísta que parado bajo la canal se mojaba lo suficiente como para hacer creer que el edificio entero estaba bajo las aguas y el se salvó por su natación olímpica… El tema de las imágenes a transmitir, exigía otras tomas… Aquí hubo redundancia: (asambleístas que llegan, que entran o salen… imágenes repetidas de un proceso que generaba abundancia…) Los comentarios y opiniones tampoco resumen las propuestas… se quedaron acampando en un discurso político solamente.
Aquello de que el oficialismo impone la cobertura noticiosa: tal vez por el sólo hecho de ser mayoría… sin embargo, importante reconocer en cambio que de acuerdo a la Sala de prensa de la Asamblea, son 18 los asambleístas más entrevistados… pero solo la tercera parte, son de ACUERDO PAIS. Sólo 8… Esto es complicado cuando lo comparamos con el TRAME QUE PREVALECE: EL DE LA CONSECUENCIA… PUES ES EL FRAME QUE SE DEJA PARA LA MINORÍA… ESO ES GRAVE, PUES SE DESCONTEXTUALIZA LA PROPUESTA, DEJANDO QUE SE INTERPRETE AL ANTOJO DE LOS “PERDEDORES” LOS RESULTADOS… Finalmente unos hacen la propuesta que recibe el apoyo pero las consecuencias EN NEGATIVO, son profetizadas por quienes no las apoyaron…
La Asamblea exige más. Nuestro periodismo y comunicación puede dar más… Quien sabe si habrá llegado la hora de un trato de ciudadanos en la búsqueda de la verdad histórica que merece el país. Necesitamos descartar lo que dice Ignacio Ramonet: LOS MEDIOS YA NO SON UN CONTRAPODER… SON EN LA PRÁCTICA UN CONVENGA PODER…
Concluyo con una reflexión de María Teresa Rondero: Algo estamos haciendo mal en los medios de comunicación. Y ese algo debe ser grave desde que hay tanta gente de tan diversa condición hastiada con nosotros.
Aventuro una hipótesis: producimos rabia cuando nos desviamos del corazón de lo que debe ser nuestra labor en tres sentidos. Cuando nos engolosinamos con temas emocionantes y nos olvidamos de cubrir los problemas que más le duelen a la gente. Cubrimos más la policía y las peleas de los políticos que las preocupaciones de las familias sobre la educación de los hijos y la falta de agua potable. Segundo, cuando producimos información de baja calidad, que no es confiable. Información que no es rigurosa es peor que ninguna información porque la gente queda aún más desinformada que cuando empezó. (Y este no es un asunto sólo de los periodistas, sino de sus jefes que deben formarlos) Y tercero, cuando le damos más voz al poderoso que al ciudadano, por ejemplo hablamos de pobreza y entrevistamos a todos menos a los pobres.