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De cineasta a asambleísta… todo por la revolución ciudadana
Enero 22, 2008 | Por: Tania Hermida |
* Entrevista realizada por la Revista de jóvenes SAKUDT a la Asambleísta Tania Hermida
Pensando en la comunicación y todo lo que esta implica, quisimos conocer el punto de vista de una joven cineasta que ha trabajado en medios audiovisuales y ahora tiene el reto de participar como Asambleísta Nacional por Acuerdo País. Nuestra colaboradora, Anabel Estrella, se encontró con Tania Hermida para hablar de lo que para ella es comunicación y cultura, y tan interesante estuvo la conversa que conversaron también sobre arte, la política, las memorias, la Asamblea Constituyente y de todo un poco…
Tania nació en Cuenca, pero vivió siempre en Quito. Estudió un año en la facultad de Medicina de la Universidad Central, y se dio cuenta que lo suyo no era eso. Lo suyo era descubrir una forma de expresión y de estar en el mundo a través del arte. Estuvo en talleres de teatro y literatura, desde pequeña estudió música; y se decidió finalmente por estudiar cine. Realizó su carrera de cine en San Antonio de los Baños en Cuba y se especializó en Dirección. Regresó a Ecuador y empezó a trabajar en el medio audiovisual, es decir en programas de televisión y series… hasta que crearon la “Corporación Ecuador para largo”, con la cual produjo y dirigió la película “Qué tan lejos”
A.E. ¿Qué es la Cultura para ti?
T.H. Definiciones sobre Cultura hay muchísimas y ni siquiera los académicos tienen una sola definición. Es importante tomar en cuenta que al hablar de la cultura estamos hablando de todo ese sentido simbólico que nos constituye como país, tanto en los productos culturales como de la forma como circulan. No podemos a esta altura del milenio hablar de cultura sin hablar de comunicación, de medios y de memorias. Cultura es todo aquello que como sociedad e individuos configura nuestro sentido de la vida, por eso es un tema clave y estratégico en el desarrollo del país. Es justamente ahí donde se juega la posibilidad de descolonizarnos, pensar que la soberanía no es solo tener bases militares, sino que también atraviesa el espacio simbólico, ese espacio que dota de sentido a nuestra vida individual y colectiva que es la que hay que tener presente permanentemente.
A.E. ¿Y qué relación tiene con la comunicación?
T.H. Relacionando la comunicación con el cine, hay artistas que sostienen que el cine no es comunicación, si pensamos en esta como forma de transmitir información de un sitio a otro; ese no es el rol del cine. El rol del cine y el rol del arte es el de generar un sentido en el espectador, es decir que en una película no hay simplemente cosas que se están comunicando, sino que al momento en que el espectador ve la película está creando su propio universo. Es el rol distinto y lo que diferencia la comunicación del arte.
Tanto la comunicación como la cultura forman parte del universo simbólico del país, y a través de estos medios se conserva la memoria. La importancia de pensar ahora en recuperar la memoria tiene que ver con varias ideas que vinimos construyendo con varios compañeros y creemos que tiene que haber un cambio de paradigma muy grande en como se concibe lo patrimonial en el país. Se lo ha relacionado con lo precolombino, y en ese momento, la historia y la memoria se estancan, como si fuesen una cosa fija, dada. Nosotros pensamos que la memoria se construye y en esa medida lo que nos sucede ahora es parte ya de la memoria y debe configurarse como memoria para el futuro. En el Ecuador hay una falta de interpretación sobre lo que nos ha pasado, incluso lo inmediato de hace 5 o 10 años. Seguimos muy tranquilos y contentos porque en los museos están las Venus de Valdivia, pero hay pocas lecturas e interpretaciones sobre el presente. Planeamos que todo lo que se está produciendo ahora, todo lo que producen los noticieros, tiene que considerarse inmediatamente patrimonio y pasar a un gran archivo donde haya una constante interpretación de lo que está sucediendo y donde se guarden los archivos para analizar como fue ese momento histórico, para que no se pierda lo que pasa actualmente.
A.E. Hablando sobre la necesidad de reinterpretar permanentemente las memorias del país, desde las cuales se mantiene, configura, reconfigura nuestra cultura; ¿Cómo ves tu trabajo como cineasta mujer y cuál es tu visión sobre la producción cinematográfica y/o producción cultural del sur?
T.H. Bueno para mí, más que una diferencia Norte/Sur, hablaría de una diferencia ente: por una parte, el cine dominante en el mercado, cuyo máximo representante es Hollywood; y por otra, las cinematografías independientes, periféricas o alternativas. Más que un tema Norte/Sur es una cuestión de centros y periferias.
Y en este sentido, lo importante es percibir la mirada que ordena las historias. Y creo que sí hay una polarización. Por un lado existe la mirada dominante o el cine homogénico, que de algún modo tiene una mirada masculina sobre el mundo, en donde encontramos el paradigma del héroe clásico, poderoso, hombre, rey que viene a salvar al mundo del caos e instalar el orden ahí donde los niños, las mujeres o los marginales han instaurado el desorden. En el otro lado están las películas periféricas donde no necesariamente hay algo que se pueda llamar una “mirada de mujer”, pero donde encontramos todas las miradas posibles dentro de las cuales están otros paradigmas, otras ideas de la vida, del mundo, de la muerte; otras cosmovisiones.
A.E. El cine ecuatoriano ha sido siempre periférico, visto desde diferentes entradas…. Cuéntanos un poco sobre el cine en el Ecuador.
T.H. Nuestro cine está pasando por un momento bien importante, es una etapa en que la producción, reproducción y distribución van a ser mucho mayores que ahora. Contamos con el Consejo Nacional de Cine, un Fondo para la Producción para el Desarrollo de Proyectos, una Ley de Cine; todo esto como resultado de una década de crecimiento del sector, tanto de gente que estudia cine, de productores, de realizadores, como de gente que adquiere experiencia en la práctica.
Y lo que para mí es importante en este proceso, es que después de la crisis profunda que vivió el Ecuador, una crisis económica, moral y ética, salió de ahí necesitado de contar sus propias historias , de hacer sentido de lo que pasa. Este pequeño boom de cine tiene que ver con la necesidad individual y colectiva de hacer sentido y ponerlo en la pantalla, necesidad de contar las historias de nuestro país desde nuestras diferentes miradas e interpretaciones.
A.E. Este boom de cine ecuatoriano del que hablas, está bastante relacionado con el éxito de tu película “Qué tan lejos”, cuéntanos sobre tu peli y sobre los antes y después.
T.H. Considero que hay un antes y un después del “Qué tan lejos”. Antes que salga la peli, se vivía un sentimiento constante de que el cine realizado en nuestro país no lograba trascender el universo chiquitito de los realizadores independientes. Siempre discutíamos que no se logra que el cine sea tan importante en el Ecuador con el fútbol por ejemplo, tanto que se llenen estadios y que la gente se involucre sentimentalmente, sintiendo que lo que se ve tiene que ver con nuestra vida, con la construcción de lo ecuatoriano.
El “Qué tan lejos” nos dio una satisfacción de sentir que sí es posible que el cine nacional se convierta en un fenómeno cultural importante que marque el ritmo de la vida del país.
Ahora con todo el proceso de impulso que tiene el cine ecuatoriano, es importante pensar no en individualidades, sino entender la necesidad de que el país sea un productor, y para eso comprender que es necesario organizarse políticamente, ser un gremio fuerte, visible.
A.E. El “Qué tan lejos” tuvo una gran acogida, y esto viene conjuntamente con la distribución que se hizo de ella. ¿Cómo ves tú la piratería?
T.H. La piratería es un tema complejo que tiene que ver con muchas paradojas a la vez: en un mundo donde el gran mercado ha controlado quién puede ver y quién no puede ver las producciones por un tema estrictamente económico, es decir si un DVD original cuesta la cuarta parte del salario básico de una persona en un país como el nuestro, ahí hay un problema de segregación económica que ha generado e crecimiento de la piratería.
Podríamos pensar que la piratería ha sido un proceso de democratización, pero al mismo tiempo estamos hablando de sistemas mafiosos, sistemas que no responden a ningún tipo de interés nacional, social o colectivo. Al explorar como funciona la piratería, vemos que es una mafia con grandes jeques que controlan el negocio y donde las personas que venden en las calles son la última etapa de esa cadena, y no necesariamente se benefician de los millones que genera la piratería.
Este es un tema complejo y como todo tema complejo requiere una solución creativa para cada contexto en particular. Para el cine ecuatoriano y para la producción musical ecuatoriana, el tema de la piratería es nefasto, es devastador, es un atentado y un delito muy grande contra el derecho de autor, contra el derecho de los que hacemos cine y música, porque agreden nuestros derechos como trabajadores. Al menos para la producción nacional, se deben implementar políticas creativas que solucionen el problema en lo que nos compete como país.
A.E. Ahora como Asambleísta y desde la Asamblea Nacional Constituyente, ¿De qué forma vas a impulsar todas estas expectativas que tiene el cine y en general el arte y los artistas en el Ecuador?
T.H. Como Asambleísta se debe tener una lectura global y general de lo que estamos trabajando, pero evidentemente hay temas en los que uno tiene más conocimiento y pasión y para mí es el tema de la cultura, de lo simbólico. Hay que renovar el concepto de cultura que está en la Constitución y como el Estado se hace cargo del universo simbólico. Hay que renovarlo/ reinventarlo para el contexto ecuatoriano y para lo que esperamos que sea el Ecuador en los próximos 50 años.
Apuntar a una reingeniería completa de la institucionalidad cultural del Ecuador, implica hacer una revolución interna. Se necesita una Ley Orgánica de Cultura, y ese es un tema concreto por el cual vamos a trabajar en la Asamblea. La Ley debe redefinir el rol de las instituciones que están creadas, bajo el gran paraguas de la política cultural nacional que sirva para el presente y para el futuro. Independientemente de que puedan haber distintos gobiernos, se requiere una institucionalidad cultural fuerte, no fragmentada.
Siempre digo que soy cineasta devenida asambleísta estrictamente por un proceso de revolución ciudadana, porque no hay otra explicación. Si no estuviésemos en un proceso político como este, no tendría sentido que una cineasta esté involucrada en una Asamblea Constituyente, pero en este momento tiene todo sentido.
A.E. Durante esta entrevista, has utilizado muchas veces la palabra “revolución”… ¿Qué significa revolución para ti?
T.H. Me encanta la palabra revolución Hubo un tiempo en que la rechacé muchísimo porque me parecía que había envejecido. Todas las palabras tienen un tiempo de vida y hay un momento en que se agota su sentido. Siento que en los años 80´s y 90´s, la palabra revolución estaba vaciada de sentido, no solo en lo político, sino también en lo estético.
Siento que ahora en el Ecuador la palabra “revolución” ha vuelto a brillar, a llenarse de significado. Yo creo en la revolución ciudadana, me siento parte de esa revolución; es decir de un proceso de aceleración de los cambios que un colectivo necesita. La entiendo en términos bien prosaicos. Las cosas que normalmente se podrían lograr en 20 años, tenemos que lograrlas ahora en 2, porque hay una urgencia y la energía de la gente. Lo que es complicado es asumir, pero hay que hacerlo, es que es un proceso un poco violento y en ese proceso violento hay heridos, hay golpes y hay que asumir el costo.
Como Asambleísta, no me siento protagonista, sino como parte de un proceso de varios años de ciudadanía organizada, con los indígenas en un momento dado y los forajidos en otro momento. Siento que este respaldo sostiene este proceso. Siento que es una responsabilidad colectiva y un proceso colectivo de reflexión y transformación y creo que se ha recuperado algo fundamental en el país, que es el de la ciudadanía organizada; más que nunca hoy por hoy la gente siente que si no está organizada está fuera del proceso.