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Soberanía Cultural
Marzo 31, 2008 | Por: Tania Hermida |
Artículo publicado en Diario El Telégrafo
Por: Guillermo Bustos
gbustos@telegrafo.com.ec
Cuánto del presupuesto del Estado ecuatoriano se invirtió en cultura en las últimas décadas? Si la caída de la inversión pública en los sectores de educación y salud resultó nefasta, lo que ocurrió en las áreas de cultura e investigación científica fue mortal. ¿Cuál fue el lugar que ocupó el gasto en cultura dentro de la agenda del ajuste neoliberal? El resultado está a la vista. El Estado ecuatoriano renunció a la responsabilidad de formular políticas públicas sobre la cultura. Las recurrentes noticias de sustracción de obras que integran el patrimonio cultural, en diversos lugares del país, revelan la negligencia y el abandono en que están muchos bienes culturales. El descuido afecta también a los sitios arqueológicos. La pérdida acelerada del patrimonio archivístico es alarmante.
Ecuador es el único país de la comunidad andina que carece de una biblioteca y archivo nacionales. Los creadores culturales han permanecido abandonados a su suerte. Hasta hace poco no había un fondo para apoyar la actividad cinematográfica. La producción nacional de libros carece de incentivos efectivos y el precio de los importados los vuelve inalcanzables.
El funcionamiento de algunas instancias estatales en los últimos decenios resulta indicativo de esta situación. La desaparecida Subsecretaría de Cultura recibía un pobrísimo presupuesto y ocupaba un lugar remoto en la agenda del ministerio al que estaba adscrita. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural funciona con escasos recursos y tan poco personal que la denominación de nacional parece una ironía. El Archivo Intermedio (que custodia la documentación de las instancias extinguidas del Estado central) tiene literalmente apenas cuatro funcionarios. El número de volúmenes que conserva la así llamada Biblioteca Nacional defraudaría al propio Eugenio Espejo. La Casa de la Cultura perdió aceleradamente los oropeles de sus fundadores y milita en un extravío. Los fondos bibliográficos antiguos y los archivos históricos del Banco Central son un caso de excepción, a pesar de los recortes presupuestarios que ha soportado. Ofrecen un ejemplo de conservación y servicio para la consulta que se podría emular.
¿Se puede cambiar esta óptica estatal de desatención y este sentimiento público de desinterés sobre los bienes culturales? Creemos que sí y algunas señales del gobierno y de la Asamblea Constituyente nos hacen tener esperanza.
El decreto del Presidente Correa que declaró al patrimonio cultural en estado de emergencia y los pasos para efectivizarlo, que el Ministerio Coordinador correspondiente está dando, indican que se alista un cambio de fondo. La propuesta de la Mesa Constituyente sobre Soberanía Cultural contiene valiosos puntos que ninguna constituyente anterior llegó a plantear.
Numerosas organizaciones gremiales, académicas y colectivos de gestores y creadores culturales también han elaborado proyectos importantes. El Ministerio de Cultura tiene un desafío enorme y le debe al país una propuesta concreta y una discusión consecuente.