May
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El largo camino hacia la democracia cultural
Mayo 8, 2008 | Por: Tania Hermida |
Por Pablo Mogrovejo.
Asesor.
Desde que, lejana e inciertamente, se intuía la posibilidad de emplazar una Asamblea Constituyente, el debate en materia de cultura ha tenido un inédito dinamismo. Por más de dos años, una gran diversidad de foros y encuentros ha tenido lugar en todo el país.
Al final de este primer ciclo —el de la deliberación pública— es preciso definir, desde el mundo de la cultura, algunos rasgos de esta transición hacia un modelo político que va más allá la democracia representativa.
La democracia, como todo concepto dinámico y flexible, está en constante transformación y revolución, y gracias a esas tensiones y cambios, algunas sociedades han evolucionado hacia modelos incluyentes y progresistas. Más recientemente, la caída del Muro y el fracaso de la corriente neoliberal en América Latina, han forzado a repensar a la democracia más allá del hecho de elegir en urnas a unos delegados. Una de las respuestas que se ha presentado frente a los límites de la democracia representativa, ha sido la de la democracia deliberativa.
Retomando la tradición de la cultura de los foros de la Grecia antigua o la de los ayllus andinos, la democracia deliberativa busca devolver al modelo democrático el poder del debate y de la reflexión colectiva argumentada. La deliberación pública queda trunca cuando ésta no llega a tener incidencia en la toma de decisiones o en la creación de políticas públicas y legislación. El éxito de la democracia, entonces, está sujeto a que el debate articule toda la vida social y política.
Al igual que otras áreas de la estructura social ecuatoriana, en la gestión pública de la cultura la institucionalidad de la democracia representativa ha ocultado, durante años, una serie de nudos de poder, en donde las decisiones han estado sujetas a lógicas clientelares y corporativas.
En los últimos treinta años, las decisiones más importantes en el campo de la cultura y del gasto público en el sector cultural se han tomado entre clubes de amigos que operaban a manera de pequeños cacicazgos. Por otro lado, el poder cultural ha estado en manos de oligopolios comerciales que, cobijado en las ventajas del libre mercado, han transnacionalizado las inequidades de la oferta de bienes y servicios culturales, lo que en la práctica ha significado una agresiova colonización cultural, con todo lo que ella implica en cuanto a la adopción de estilos de vida, hñabitos de consumo y visiones del mundo.
Uno de los primeros retos que asumió este equipo de trabajo constituyente fue el de llevar a cabo un verdadero proceso de participación ciudadana en la elaboración del articulado constitucional para el tema de cultura. Como parte de ese proceso, hemos propuesto, desarrollado y madurado una propuesta que contiene aportes recibidos durante el debate en nueve foros a nivel nacional (Manta, Guaranda, Loja, Ibarra, Cuenca, Riobamba, Loja, Quito y Guayauil), además de aportes recibidos en la Asamblea de parte de diversos grupos de ciudadanos.
La propuesta constituyente también contiene las observaciones, críticas e iniciativas de una veintena de organizaciones y colectivos que, desde el contexto de una nueva constitución, repensaron las relaciones entre la sociedad y la cultura. El resultado final comparte lo mejor de estas distintas miradas.
El éxito de la democracia deliberatiba en la cultura local, sin embargo, se pondrá en juego en el proceso de elaboración de la nueva Ley Orgánica de Cultura y del Sistema Nacional de Cultura, proceso que arranca de algún modo ahora, cuando el texto constitucional está próximo a aprobarse.
Ley y sistema tienen el desafío de desestructurar el cáracter clientelar, centralista, burocrático y corporativista que tiene hoy por hoy la gestión cultural en el país. Al mismo tiempo, tiene que sentar las bases para la gestión bipartita (Estado y sociedad civil) de las políticas y recursos públicos de la cultura. Esta gestión debe ser no solo autónoma sino también deliberativa, transparente e incluyente.
El trabajo continúa.
Comentarios
3 Comentarios hasta el momento
Felicitaciones por todo el trabajo realizado. Es inédito en el Ecuador que en una Constituyente se debata tan bien el tema de la Cultura. ¿Es posible que me envíen a mi correo, los documentos discutidos en todo este proceso? Muchas gracias y felicitaciones a mi amiga Tania Hermida.
Claro que sí, vamos a poner todos los documentos en la web muy pronto.
Orlando Amores Terán
SOBERANÍA
Desde 1.530, los políticos han logrado concentrar y vincular el poder político y económico nacional e internacional, alrededor de procesos industriales de alimentos, construcción, farmacéutica, bioingeniería, explotación de seres humanos y de la Naturaleza. Ello generó empobrecimiento, por saqueo y distribución inequitativa de la riqueza. Hoy, la cantaleta del fin de la larga noche neoliberal, no incluye a los que no asumen el comportamiento fascista de culto a Correa; quien allana todas las funciones del Estado y anula a los otrora líderes. Una cosa es influir por capacidad, que no la regateamos; pero diferente es, imponer visiones excluyentes, cargadas de resentimiento social, confundidas en discursos que secuestran la palabra de izquierda, a vista y paciencia de los que se decían ser. El fascismo se define: revolución política, social y ética nacionalista, que utiliza al pueblo obediente, bajo el mando de burócratas que hacen gala de valores heroicos, para detener la decadencia. Bajo la fascista revolución ciudadana, de la Patria ya es de todos, se pretende ampliar la frontera agrícola, para sembrar agrocombustibles, insertar al país en una agresiva explotación minera e hidrocarburífera, destruir la Naturaleza con hidroeléctricas. No se propone energía eólica alternativa, desarrollo de agricultura orgánica, procesamiento de basura para obtener gas, como hace Cuba. Se impulsa un proyecto entre transnacionales de China y Brasil, sin permitir que las comunidades campesinas, participen en las decisiones. Se pretende plantar pinos en 750 mil hectáreas, afectando nuestro páramo. Se desprotegió los bosques estatales y privados para permitir su explotación en Loja y Zamora. Esto impone un modelo violatorio a nuestra soberanía alimentaria. Tenemos derecho a decidir sobre producción, distribución, consumo de nuestros alimentos y comercialización de excedentes, una vez que se hayan satisfecho nuestras necesidades. Ello significa derechos a: controlar el buen uso del suelo, el agua; los conocimientos ancestrales sobre animales, semillas, plantas y minerales, en un mundo explotador, contaminador y violatorio de las reglas homeostáticas de la Naturaleza. En la Naturaleza no hay recursos, hay elementos, incluido el humano. Sumac Causay.