May
17
La noche en que nos jugamos la bandera
Mayo 17, 2008 | Por: Tania Hermida |
La soledad hace patrias.
Les invito a leer este ensayo que escribí en 2001, la noche en que clasificamos, por primera vez, a un mundial de fútbol. Tiene algo de premonitorio.
La noche en que nos jugamos la bandera.
Ensayo de re-invención del emblema nacional.
Sólo el símbolo indescifrable está vivo.
Umberto Eco
I
El juramento
Cuenca. Siete de noviembre del dos mil uno. Nueve de la noche. La selección ecuatoriana de fútbol acaba de clasificar por primera vez a un mundial. La gente festeja en las calles.
En medio de una avenida repleta de autos está erguida una bandera. Amarillo, azul y rojo. El escudo del cóndor en el centro. El tránsito se detiene.
Una hilera de jóvenes espera. Uno por uno se acercan, se arrodillan, toman con la mano derecha la punta de la bandera y dicen con fuerza “¡Ahora sí, juro!”. Luego se inclinan, la besan y se levantan. Pitos, tambores y botellas de aguardiente. La risa y la cola se hacen cada vez más tumultuosas. Todos quieren jugar a jurar.
Amarillo por el oro de nuestro suelo. Azul por el agua de nuestros mares. Rojo por la sangre de nuestros héroes. Todos los bachilleres de la república hemos pasado frente al pabellón nacional. Lo hemos besado y hemos jurado defenderlo y honrarlo para que así la patria nos premie (y en caso contrario ella nos demande).
En medio de la avenida, entre música y gritos de sí se pudo, los mayores miran el ritual algo asustados. ¿Será que la patria se enoja? ¿Nos tocará un premio o un castigo? ¿Jugar a jurar la bandera? ¿Nos va a demandar la patria? ¿Qué es la patria? ¿Dónde está?
Los jóvenes, haciendo circular las botellas, siguen desfilando. Ahora sí juran. ¿Qué juran?
Amarillo por el oro de vuestra camiseta. Azul por el sudor de vuestros héroes. Rojo por el color de vuestras medias.
Hay algunos indecisos. Quieren acercarse pero no se atreven. Si así lo hacéis que la patria os premie. Caso contrario ella os lo demande. Cuando la fila se hace más larga se animan. Finalmente se lanzan. Total, hoy sí se puede.
La noche abraza a todo el mundo. La bandera también. El aguardiente circula y todos juran. ¿La patria? Un montón de gente que salta, baila y grita.
El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión dice Octavio Paz en su laberinto.
II
El emblema
Nada más codificado y tristemente celebrado que una bandera. La memoria, en medio de la fiesta, nos devuelve al juramento inicial. Solemne. Silencioso. Con himno nacional y palabras del rector.
Bachilleres de la república, juráis defender.
¿Juráis? ¿Así? ¿Con a y con i? ¿Quién nos habla?
Juramento vano, ritual frío que la oficialidad exige y que en nada nos re-presenta. Uniforme planchado. Emblema de poderes que nos parecen siempre ajenos.
Pero la noche re-crea el sentido y el ritual. La memoria nos devuelve al juramento inicial pero también a la risa. A la posibilidad de re-inventarnos el juramento, jugarnos la bandera, celebrar el beso y que la patria os premie.
Ramírez & Ramírez ya lo han dicho:
“…a los costados de un ‘oficial-nacionalismo’ agonizante, que no seduce ni excita a nadie, de una patria sin sujetos que produzcan proyectos colectivos… el fútbol surge como un espacio de renovación de los medios culturales y simbólicos por soldar los particulares núcleos de identificación étnicos, locales, regionales, ‘diaspóricos’, sobre los que se asienta la idea de lo nacional.”
Sociología. Renovación, sí. Re-generación. Re-vuelta. Antropo-orgía. Reconocimiento que empieza siempre por el desconocimiento. Salud por la bandera.
Otra vez el laberinto:
“Gracias al juego y la imaginación, la naturaleza inerte de los adultos –una silla, un libro, un objeto cualquiera- adquiere de pronto vida propia.”
El oro de nuestro suelo.
“Por la virtud mágica del lenguaje o del gesto, del símbolo o del acto, el niño crea un mundo viviente, en el que los objetos son capaces de responder sus preguntas.”
Salud por la sangre de nuestros héroes. Salud por el agua de nuestros mares. Jugar es ahora nuestra única posibilidad de jurar.
“El lenguaje, desnudo de sus significaciones intelectuales, deja de ser un conjunto de signos y vuelve a ser un delicado organismo de imantación mágica. Hablar vuelve a ser una actividad creadora de realidades, esto es, una actividad poética.”
Sí, juro.
Parece haber una razón para abrazarse. Quizá en algún lugar seamos patria. ¿Será una cuestión de azar? ¿Quién hace los goles?
Quizá lo que estaba en juego no era una clasificación al mundial sino la posibilidad de gritar todos al mismo tiempo. ¿Quiénes somos todos?
“El niño, por virtud de la magia, crea un mundo a su imagen y resuelve así su soledad. Vuelve a ser uno con su ambiente.”
¿La soledad hace patrias?
Parece que sí. Otra bandera. Algo más hondo que el fútbol parece estarse jugando entre los tragos y la noche.
No juro. Lo juro. Por las playas de nuestros mares.
La bandera y el beso se han vuelto indescifrables.
III
El símbolo
“Desde un punto de vista crudamente semiótico, una expresión cuyo correlato es una nebulosa no codificada de contenidos puede parecer la definición de un signo imperfecto y socialmente inútil.”
Umberto Eco hablaba de otra cosa seguramente. Pero, por esta noche, vamos a hacerle hablar de lo mismo. Signo imperfecto, sí. Meta-ritual que nos devuelve al caos original de los colores y los juramentos. ¿Patria?
Siempre que el poder no esté del lado de los uniformes planchados, sí. Patria en plena calle. Con gritos y aguardiente que limitan su capacidad de conducir y operar maquinaria.
“Para quien la vive, la experiencia del símbolo parece distinta: es la sensación de que lo que la expresión transmite, por nebuloso y rico que sea, vive en ese momento en la expresión.”
Ahora sí, juro. Juro que entonces no juré. Juro que ahora juro porque somos los de acá y estamos de este lado de la bandera.
Los goles son nuestros. Los abrazos, los besos y las patrias también. Hasta que así lo decidamos. Nos hacemos y nos deshacemos. Hoy juramos. Hoy sí.
“Parece como si en el modo simbólico se produjese un consenso de hecho: no hay acuerdo sobre lo que quiere decir el símbolo, pero sí sobre su capacidad semiótica.”
¿Qué diría Umberto Eco al saberse involucrado en este cuento?
Pero ahí está el símbolo. Lo indescifrable. La poesía que está en la expresión pero también en otra parte. El juego con el lenguaje que entonces deja de ser un mero agrupamiento de signos. Vivan las patrias.
Eco. Ecos. De pronto algo significa algo. En eso estamos de acuerdo.
Octavio Paz, poeta al fin, parece entenderlo mejor:
“La Fiesta… abre en dos al tiempo cronométrico para que, por espacio de unas breves horas inconmesurables, el presente eterno se reinstale. La fiesta vuelve creador al tiempo.”
México, claro. La fiesta engendra creadores.
¿Irreverencia o reverencia? ¿Comunión o excomunión? La bandera, de pronto, ya no es la de ellos. Fútbol, sí, clasificación al mundial. Pero también otra cosa.
Ahora sí juro. Entonces perjuré. Que la patria os premie. Sólo ahora juro. Mi juramento es mío y la bandera que beso ya no es La Bandera. La calle, la noche y los tragos son míos también. Lo juro. Caso contrario que ella os demande.
Deshonro La Bandera honrando la bandera. Me arrodillo. Escojo arrodillarme. Luego me levanto y sigo bailando. La Bandera ha dejado de serlo.
“La percepción del símbolo excluye, pues, la actitud de simple espectador y exige una participación de actor… Lo propio del símbolo es permanecer indefinidamente sugestivo: cada uno ve en él lo que su potencia visual le permite percibir. A falta de penetración, nada profundo se percibe.”
Chevalier también hablaba de otra cosa, seguramente. Pero, igual que a la bandera, una vez puesta en la calle y en la noche y en el beso, podemos hacerle hablar de lo mismo. Cada uno ve lo que su potencia visual le permite.
IV
El juego
“En un momento de angustia y depresión colectiva por los escasos signos de recomposición socioeconómica y ética del país, la actuación del seleccionado de fútbol aparece como una inyección de insulina en el cuerpo social diabético de la nación: dosis de equilibrio anímico, reconstitución de energías vitales, recuperación de la credibilidad en las posibilidades funcionales del organismo.” Ramírez & Ramírez.
Eso. Eso mismo. Salud por la sociología y por sus dosis. Hoy todos hablábamos de otra cosa y terminamos hablando de lo mismo.
Participamos del improvisado ritual. Un ritual que empieza a existir con nosotros. Penetramos en él. Juramos, besamos, y de pronto está ahí aquello que presentíamos: la re-invención, la re-creación, la re-conquista. La desobediencia como única forma de patria.
Desde luego, juego intraducible. Su fuerza desaparece al ser contado, pensado, racionalizado, explicado. Igual que en la poesía y el mito, su sentido está siempre en fuga.
Desde luego, también, juego efímero. Desobediencia de una noche. Máscara en el carnaval de las celebraciones. Camiseta Marathon. Siempre primero. Mi país, mi país, mi país.
El oro de nuestros héroes. Las aguas de nuestro cielo. La sangre de nuestros mares. La noche todo lo abraza y todo lo confunde. La patria, por un momento, vuelve a ser. Todo y nada.
Ahora sí. ¿Por los goles o simplemente porque ahora sí?
“Ahí precisamente reside la incertidumbre del proceso: ¿será posible transitar de este momento cuasi-espontáneo de reconstrucción de lo nacional, de recuperación de energías patrióticas, hacia un momento deliberado y estable de formación de actores políticos y sociales interesados en reinventar, desde la articulación de una pluralidad de agendas, los sentidos de los imaginarios nacionales? Las señales son escasas. Queda claro únicamente, tal como el fútbol lo ha probado, que los fermentos de lo nacional existen, que no están en ciernes, que no son pura negatividad.”
Entonces lo bailado nadie nos quita. Lo abrazado y lo besado tampoco (los banqueros no tienen potestad sobre nuestros juramentos, la patria los demande).
Cuenca. Ocho de noviembre del dos mil uno. Nueve de la mañana. Las calles están desiertas. Ecuador está en Japón. La patria está chuchaqui. Abajo los uniformes. Así sea. Por los goles de los goles, amén.
Tania Hermida P.
Comentarios
2 Comentarios hasta el momento
Tania la prensa distorsiona, busca hacer daño. Lamento todo este lío en el que se han visto envueltos.
Un abrazo sororo, sigue trabajando.
Tania, gracias por despertarnos de nuestros letargos coloniales … si no transformamos nuestros modos pensar, de hacer, de ser, no habrá tranformación social, transformación de todas las vidas … un fuerte abrazo y gracias nuevamente por dar inicio a la discusión necesaria para ser nosotros mismos… para encontranos más allá de la colonialidad … hay que seguir a pesar de todo …