Mateo

Agosto 24, 2007 | Por: Virgilio Hernández |

Es la tarde del viernes 17 de agosto y hace una de esos días que se añoran en febrero pero que se odian en el verano, sol y viento fuerte. Recorremos las calles de la Vicentina no hay mucha gente en sus casas. Con las que nos encontramos podemos saludar. No todas saben que se juega en la Constituyente ni la importancia de su elección. Algunos piensan, que después de cada jornada nos entrevistamos con el Presidente y nos recomiendan: “que no se deje de los banqueros, no haga caso a los grandes medios y no se pelee, no permitan que suban los precios”… En fin.

A algunas personas, sobre todo mujeres, podemos explicarles que en esta larga noche neoliberal desbarataron la capacidad del Estado para controlar los precios y ahora sólo queda una esquiva posibilidad  de control mediante la Ley de Defensa del Consumidor. Hablamos del papel del mercado, del rol que debe jugar el Estado y  no sé cuantas cosas más. Otros  directamente nos dicen que apoyan a la 35 y algunos, no faltan por suerte, nos llenan de malas caras, retorcijones y en ocasiones palabras que se les escapan. Así son los recorridos y, de todas formas, esas son las ventajas de poder enfrentarse a la gente y que se nos vaya la tarde  conversando y caminando.

De pronto, un niño llega corriendo al obelisco, cruza la calle sin mayor precaución y al son de la música ondea su bandera y corre alrededor de la plazoleta. -¿Cómo te llamas?- Mateo, me grita sin pararse. Lo miro alejarse corriendo y pienso que tal vez sólo fue una visión del futuro, una idea para recomponer las fuerzas y seguir caminando y conversando hasta llegar a San PABLO.

Virgilio Hernández

21 de agosto del 2007


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